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La intrincada red de la memoria

 
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La intrincada red de la memoria
de System Administrator - martes, 5 de septiembre de 2017, 13:40
Grupo Colaboradores / Partners

ANDREAS KUEHN, GETTY IMAGES (cabeza); GETTY IMAGES (dibujo de red)

La intrincada red de la memoria

por Silva, Alcino J.

Una revolución técnica arroja luz sobre el modo en que el encéfalo conecta los recuerdos, un proceso esencial para entender y organizar el mundo que nos rodea.

El estudio de la memoria ha experimentado una revolución gracias a nuevas técnicas que permiten captar imágenes de neuronas concretas e incluso activarlas o inactivarlas a voluntad. Con ellas, experimentos que hace unos años se consideraban ciencia-ficción son hoy posibles.

Las técnicas al alcance de la neurociencia han mostrado que los recuerdos no se asignan al azar a las neuronas de las regiones encargadas del procesamiento y el almacenamiento de la información, sino que existen mecanismos que deciden qué neuronas asentarán cada recuerdo.

La capacidad del encéfalo para controlar las neuronas que codifican cada recuerdo es crucial para consolidar y conectar los recuerdos, facultades que se deterioran en numerosos trastornos neuropsiquiátricos y en el curso del declive cognitivo que comporta la vejez.

Los recuerdos dependen de nuestra capacidad para rememorar detalles sobre el mundo: la cara de una niña, una oca, un lago. Pero para convertirlos en experiencias reales, el encéfalo debe fusionar esos elementos y crear un todo integrado: la expresión de esa niña al ver cómo de improviso alzan el vuelo las ocas entre los juncos de la orilla de un lago.

Existen también otros factores responsables del sentido de cohesión de la memoria. A lo largo de milenios, nuestra supervivencia ha dependido no solo del recuerdo de la información adecuada (por ejemplo, un león o una serpiente), sino también de su contexto. ¿Nos tropezamos con ese animal en un paraje solitario de la sabana africana o en el curso de una tranquila visita al zoológico?

Para mantenernos alejados de otro tipo de depredadores en nuestra vida cotidiana, también debemos ser capaces de ubicar nuestros recuerdos en el tiempo: ante una inversión que parece tentadora, tendremos en cuenta quién la ha recomendado para decidir si vale la pena (valoraremos si quien nos la ha sugerido es honrado). Si no se logran conectar ambos aspectos, las consecuencias pueden ser desastrosas. La neurociencia está comenzando a lidiar con la forma en que el encéfalo vincula los recuerdos a través del tiempo y el espacio. Hasta ahora, el grueso de los estudios se había centrado en analizar cómo adquirimos, almacenamos y alteramos cada recuerdo. No obstante, la mayoría de los recuerdos no existen como entidades únicas y separadas, sino que un recuerdo evoca el siguiente, de modo que surgen complejas secuencias de recuerdos que nos ayudan a predecir y comprender mejor el mundo que nos rodea. Después de veinte años de investigación en mi laboratorio y en otros centros, empezamos a vislumbrar los principales mecanismos con los que el encéfalo crea esos recuerdos entrelazados. Entender los procesos físicos encargados de entretejerlos no solo aportará más información sobre cómo opera nuestra mente, sino que nos ayudará a prevenir los trastornos de la memoria que alteran nuestra facultad para crear y orquestar ideas.

Un feliz accidente

Cuando a finales de la década de los noventa iniciamos el estudio de las conexiones entre los recuerdos, carecíamos de los conocimientos básicos y las herramientas precisas para abordar el tema. El primer gran paso para determinar cómo se entrelazan las ideas lo dimos cuando descubrimos el concepto denominado asignación de recuerdos: nos percatamos de que el encéfalo se sirve de reglas específicas para asignar retazos de información aprendida a distintos grupos de neuronas ubicados en las regiones que participan en la formación de la memoria. La suerte desempeñó un papel esencial en el descubrimiento de la asignación de los recuerdos. Todo comenzó a raíz de una charla con Michael Davies (amigo y compañero ahora en la Universidad Emory) entablada en el curso de una visita a la Universidad Yale en 1998. Davies compartió conmigo los hallazgos de su laboratorio, en el que habían manipulado el gen CREB para aumentar la memoria emocional de las ratas (la asociación entre un tono y una descarga eléctrica, por ejemplo)...

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Hacia un modelo unificado de la memoria

por Eustache, FrancisDesgranges, Béatrice

Existen al menos cinco formas de memoria bastante independientes entre sí. Nos permiten acceder a nuestro pasado, forjar nuestra identidad y adquirir competencias. Psicólogos y neurocientíficos revelan la lógica de tales interacciones.

Existen al menos cinco formas de memoria bastante independientes entre sí. Nos permiten acceder a nuestro pasado, forjar nuestra identidad y adquirir competencias. Psicólogos y neurocientíficos revelan la lógica de tales interacciones.

Existen diversas formas de memoria. Suelen reducirse a cinco tipos fundamentales: episódica, semántica, perceptiva, operativa y procedimental.Según Endel Tulving, reconocido especialista en psicología y neurología cognitiva, las memorias perceptiva, semántica y episódica constituyen una cadena que conduce a la codificación del recuerdo.La memoria operativa constituye uno de los mecanismos fundamentales de la consciencia. Si tan solo percibiéramos el instante, no podríamos tener consciencia del mismo.

En 2005, los neuropsicólogos Endel Tulving y Shayna Rosenbaum publicaron el estudio clínico del paciente K. C. Había sufrido un accidente de motocicleta, una veintena de años atrás, y se había sometido a múltiples revisiones psicológicas, ya que su memoria estaba perturbada. Era incapaz de rememorar algún acontecimiento concreto de su vida, pero conservaba la memoria de las informaciones generales que poseía sobre sí mismo y el mundo. Conocía los principales acontecimientos históricos, el nombre de los países, los estudios que había realizado, el apodo de sus allegados. En suma, recordaba los conocimientos generales, pero había olvidado los episodios concretos de su vida, asociados a un lugar o a una fecha.

El ejemplo nos demuestra que la memoria no constituye un bloque uniforme. Existen diversas formas. Algunas registran los acontecimientos vinculados a un contexto (el recuerdo de una fiesta, de un momento en particular): es la memoria episódica. Otras almacenan los conocimientos sobre uno mismo o sobre el mundo (conocer la propia fecha de nacimiento, o saber que el Nilo es un río de Egipto): se trata de la memoria semántica. Suelen reducirse a cinco los tipos fundamentales de memoria; a saber, episódica, semántica, perceptiva, operativa y procedimental.

En función de las épocas o de las escuelas, psicólogos o neurocientíficos han hecho hincapié sobre una u otra de estas formas de memoria. En ese sentido, Endel Tulving, de la Universidad de Toronto y experto autorizado en la materia, declaró ya hace tiempo que la memoria determinante era la episódica. Otro neuropsicólogo, Alan Baddeley, de la Universidad de Cambridge, se ha fijado en la memoria operativa, la que permite retener un número de teléfono justo el tiempo suficiente para poderlo marcar... 

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